Alejandro González Iñárritu: “Para hacer cine tienes que tener algo que decir”

El pasado lunes 29 de noviembre, en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, tuvo lugar el preestreno de Biutiful y un posterior coloquio con su director, Alejandro González Iñárritu. El hombre que nos hizo emocionarnos con Babel o 21 gramos, actúa de nuevo como un espejo, mostrándonos la realidad que no queremos ver.

Eran las dos de tarde de un lunes nevado cuando los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Información tomamos asiento en el salón de actos ávidos por ver antes que nadie la última película del director que nos dejó boquiabiertos con obras como Amores perros. Tras la proyección de un corto rodado por los propios estudiantes, Biutiful comenzó y, con ella, algunas sonrisas tiernas se fueron cruzando con alguna que otra lágrima. Después de haber disfrutado su obra, los asistentes pudimos conocer tanto aspectos la vida de Alejandro González Iñárritu como secretos del rodaje.

Siempre rodeado de creatividad, Iñárritu comenzó en la radio, ha dirigido anuncios televisivos, ha compuesto música, estudió tres años de teatro, dirigió un capítulo de televisión y finalmente, llegó a nuestras pantallas con Amores perros. Es mejicano, se define como autodidacta, trabajador y muy exigente.

“Para dirigir actores tienes que tener parte de psicólogo, padre y verdugo”
A los diecisiete años Iñárritu trabajó en condiciones muy duras en un barco carguero cruzando el Atlántico conociendo todos los puertos de Europa, empezando por Barcelona. A los diecinueve, ahorró mil dólares y de nuevo se embarcó, pero esta vez sin billete de vuelta. Trabajó vendimiando, visitó África y aprovechó para cultivarse, domando a su oído, leyendo toda la literatura existencialista y conviviendo con gente de todo el mundo. Hoy el cineasta reconoce que todo ese impacto físico del viaje y toda esa lectura que devoró, tiene que ver mucho con Biutiful.

“La familia, desde la Biblia, es el caldo perfecto del drama”
En las películas del cineasta mejicano, encontramos la constante de la paternidad, que él entiende como la condena genética o psicológica en donde uno queda definido por las relaciones familiares. Iñárritu comenta, durante el coloquio, que tiene una obsesión por abordar y observar la paternidad como un fenómeno importante en la psicología de los personas. En Biutiful podemos comprobar esto, ya que el director la define así: “Es la historia de amor de un padre con dos hijos, en un amor incondicional y desesperado de poder dejar una memoria en ellos”.

Al hablar de su relación con los actores, Iñárritu comenta que siempre se convierte en una relación intensa donde él tiene que comprender sus necesidades y llevarlas a donde desea, subordinándolos a la obra. Explica que a la hora de trabajar con Benicio del Toro o Javier Bardem, con un veterinario del Sáhara o una inmigrante senegalesa, utiliza los métodos necesarios para que puedan encarnar a sus personajes con total naturalidad. Su objetivo en sus películas no es tanto que se interprete, sino que se haga llegar una verdad y, aunque admite que es duro, también sonríe al decir que al mismo tiempo es muy satisfactorio.

“Puedo ser insoportable, soy meticuloso y exijo el máximo”
De forma rotunda, Iñárritu afirma que su intención siempre es de provocar, creando una catarsis. Explica que si no tuviera esa intención su trabajo se convertiría en una pieza de entretenimiento. Que al otro lado de la pantalla espera conseguir reflexiones, propuestas y preguntas. Lo que quiere hacer llegar al espectador es un mundo más cercano de lo que pensamos: así, quien esté viendo su película se sentirá incómodo y será capaz de mirar más allá de su mundo. Su convicción por representar la realidad hace que utilice herramientas como la transgresión y provocación. Unas herramientas que no dejan indiferentes a nadie.

“Lo que pretendo es conseguir que se ejerciten músculos emocionales que estaban dormidos”
Como en otras películas, el director hace una radiografía crítica de la sociedad, y, en torno a esto, ve a la inmigración como la esclavitud del siglo XXI. Una esclavitud que ya no es un problema, sino una naturaleza. Él agrupa a las ideas, a la tecnología y al dinero en un mundo globalizado en el que queda exento el hombre: “Mientras tengamos la estúpida y absurda idea de la superioridad colonial y no hagamos un plan de integración, seguiremos teniendo problemas”. Lo define como un problema urgente aportando datos como el número de población china en países como Londres. Declara que no fue a buscar la realidad, sino que sólo tuvo que girar la cámara a la derecha o bajar un par de calles: “La gente la ve, pero no la mira; la lee, pero no la siente”.

“Estamos rebasados por la vertiginosidad de las noticias, y, aun así, mis películas incomodan”
Iñárritu explica que la miseria que narra en sus películas se queda corta con la realidad. Para acometer su filme Biutiful, dedicó tres años a la investigación: así, asistió a redadas con los Mossos d’Esquadra, convivió con comunidades senegalesas en pisos “patera” (y afirma al respecto que sus condiciones son mucho más trágicas de lo que él muestra en Biutiful). Iñárritu reconoce que la inmigración es un tema incómodo, pero propone que se trate sin victimizarlo, acusarlo o politizarlo. El cineasta terminó el coloquio diciendo que no subordina sus necesidades artísticas con objetivos comerciales y que continuará su labor de provocador para hacernos ver que hay todo un mundo bajo la superficie.

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