La Casa Encendida reúne naturaleza y reflexión

¿Qué pensarías si te dijeran que hay un sitio en el que los pájaros se convierten en músicos y para verlo no tienes que salir de la ciudad? Ésta y más sorpresas se esconden hasta el 16 de enero recogidos en la exposición On&On en la Casa Encendida de Madrid.

Una selección heterogénea de obras realizadas en distintos formatos es lo que encontramos en esta peculiar exposición. Cuando nos adentramos en las piezas, nos envuelven por completo y despiertan todos nuestros sentidos: oímos, olemos e incluso algunos nos invitan a saborearlos. Entramos en contacto con nuestras sensaciones y experiencias. También se aprecia el proceso de transformación constante que rodea a la obra, si volvemos otro día, la ya no será la misma: velas más derretidas, los pájaros más o menos inquietos, el piano tendrá otro sonido…

El protagonista de la muestra es lo efímero frente a lo permanente. El hecho artístico a través de la magia del instante, la metáfora del presente. Algunas de ellas hacen referencia al cambio que tuvo lugar a finales de los sesenta: la relevancia del proceso comenzó a desplazar a la obra final a la que vez que se empezaron a tener en cuenta factores como el tiempo o los sentidos. Por supuesto, el papel que jugamos los espectadores a la hora de sentirnos partícipes convirtiéndonos el significado último de las piezas.

Chiharu Shiota le quita al piano su sentido impidiendo que vuelva a sonar. Céleste Boursier-Mougenot adentra al espectador a una experiencia multisensorial: sonoro y visual se funden en una obra. Ana Gallaccio nos hace glotones con sus velas y chocolate hablando de conceptos como desintegración, con la cera que no para de derramarse.

Entre sala y sala nos encontramos en las escaleras del pasillo con la obra de Claire Morgan: nos habla de la vida, de la muerta y de las fronteras entre una y otra, como dejan constancia las frutas rojas que penden cada una de un hilo cuyo final se da la mano con un pájaro disecado y los insectos que surgen entre las prolongaciones de este símil. Sobre la vulnerabilidad del momento, hacemos una reflexión con los vídeos-proyecciones de Gregorio Zanon en el que se ve como un hombre tumbado en la calle pasa 24 horas sin que nadie apenas le mire: el ritmo de las grandes ciudades que ciega a sus habitantes.

Volvemos por tanto a una serie de performances que apuntan hacia gestos que se desvanecen en el momento mismo de producirse. El término de instalación cobra importancia con unas obras que hacen sumergirnos y nos convierten en el centro de las mismas. Nos permite una aproximación menos evasiva pero no menos permanente. Escuchar posarse a unos pequeños pájaros como introducirnos en una sala recubierta de hilos simulando una telaraña, son distintas vivencias que podemos vivir estos días en la Casa Encendida.

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