INDIGNAOS

El panfleto de Stèphane Hessel se presenta ante las nuevas generaciones alzando la voz para despertar nuestras conciencias. Las librerías de toda Europa no dejan de vender ejemplares de la obra a pesar de la pasividad política que vive hoy nuestra sociedad.

Motivos de indignación aparecen cada día en los medios de comunicación que nos muestran el inmenso contraste entre situaciones de miseria extrema y los negocios millonarios de la especulación financiera. Un ejemplo de esto es la contradicción de un mundo que se muere de hambre y otro que, según FAO, desperdicia un tercio -aproximadamente 1.300 millones de toneladas- de los alimentos que se producen cada año en nuestro planeta. Son imágenes dolorosas que se repiten día a día. Entonces, ¿por qué tiene ahora tanto eco esta obra? Puede que el ciudadano haya abierto los ojos ante un mundo dominado por el poder económico y quiera hacer un llamamiento a los políticos para que éstos dirijan la democracia en un nuevo rumbo ante el enorme vacío ético causado por la crisis económica internacional. Hessel explica la razón de lanzar este mensaje ahora: “los grandes problemas que tenemos que abordar de frente y que tenemos que abordar a partir de ciertos valores éticos fundamentales, son problemas que hoy en día resultan mucho menos claros de los que estaban en nuestra juventud, en la que el enemigo resultaba más evidente. Era Hitller, Franco, Salazar, Mussolini… Hoy es más complejo”. Para entender mejor el porqué de su escrito, hay que conocer por todo lo que pasó Stéphane Hessel. Nació en Berlín el 20 de octubre de 1917. Ha ejercido como diplomático, escritor, y militante político francés. Fue miembro de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, capturado y torturado por la Gestapo y recluso de los campos de concentración de Buchenwald y Dora- Mittelbau. Como diplomático, Hessel participó en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos y ha sido embajador de Francia ante la ONU. A sus 93 años, lucha por la paz en Oriente Próximo.

Traducido en veintitrés idiomas, ¡Indignaos!, con un prólogo en España por José Luis Sampedro, ha superado los 170.000 ejemplares en menos de un mes. Un éxito rotundo pero repentino, porque el texto panfletístico, no abarca propuestas nuevas, limitándose a denunciar los retrocesos sociales actuales. Insiste en recuperar los viejos ideales frente a la pérdida de valores éticos en el mundo globalizado en el que vivimos. Y ante esto, la pregunta es evidente: ¿quién dirige la globalización? No son los representantes elegido democráticamente, sino los económicos y financieros. Hoy todo gira en torno a la crisis y puede que ésta sea el detonante que encienda nuestra indignación. Según Hessel, “La forma en que se ha desarrollado la crisis actual demuestra que somos víctimas financieras y económicas que actúan con un único objetivo: ganar cada vez más dinero y que no se interesan en mantener los avances que conquistamos después de la Segunda Guerra Mundial”.

Pero con el éxito inesperado de este libro, ¿por qué no hay movilización? Los jóvenes nos hemos acostumbrado a la comodidad por la que tanto lucharon las anteriores generaciones defendiendo unos derechos que hoy creemos que nos son innatos. El filósofo José Antonio Marina argumenta que cuatro millones de jóvenes en paro es señal de indignación pero que se acepta con “colaboracionismo amable”. Además, distingue la indignación ante la ira o cólera, como un sentimiento desencadenante ante algún atentado contra la dignidad. No es cierto que a los jóvenes no nos preocupe la situación actual pero la epidemia de la desesperanza se adueña de nosotros viendo como ante el pez grande, no se puede competir. Esto se ve reflejado en forma de pasividad, como si mirásemos el mundo encogiendo los hombros y lanzando un suspiro pensando, ¿pero qué puedo hacer yo ante todo esto? Por ello, no hay que confundir pereza con desesperanza en un mundo donde la economía se mueve en territorio mundial y la política juega en el terreno nacional, haciendo más difícil la posibilidad de poder cambiar algo.

La obra de Hessel es una alarma, un toque de atención. Llama a la indignación como motor de la protesta ante el enriquecimiento de una amoral y frente al abismo entre pobres y ricos en un planeta sometido a una sobreexplotación de economía sobre ética. Lo primero que hay que preguntarse, según Hessel, es qué nos indigna y a pesar de poseer herramientas con las que se puede llegar a cientos de personas, como es Internet, podemos combatir lo que consideremos injusto con las ideas antiguas del progreso. La pasividad señalada anteriormente choca con el éxito de ventas del panfleto. Por tanto, se puede decir que hay una evidente inquietud general que busca respuesta ante la crisis y que amenaza logros sociales en Europa. Y si no hay movilización, nos queda saber que fueron muchos los que persiguieron sus ideales para llegar hasta hoy y que siguen luchando para esquivar la desesperanza que inunda nuestra sociedad.

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