Disfrutar la Tramontana

Mallorca desde el avión comparte escenario junto con el azul del Mediterráneo, acogiendo al visitante con frescura y paz. La belleza montañosa se convierte en una fortaleza y en una aventura para quien tenga la suerte de encontrarse con ella. La capital de la isla fue fundada con el nombre de Palma por el cónsul romano Quinto Cecilio Metelo Baleárico en el año 123 a.C. Con su casco histórico y su majestuosa catedral hace que se pueda regresar a la vida de caballos y espadas, además de poseer un fuerte guardián, el castillo Bellver, quien acogió a reputados presos como Jovellanos. Su peculiar forma redondeada lo hace todavía más espectacular: sus paredes y sus estrechas ventanas saeteras por las que se lanzaban flechas cuentan historias de guerras, horror y conquistas. Los miradores que nos regala la isla ofrecen un infinito horizonte en el que el único protagonista es el Sol reflejado en la calma del mar. La tradición y la modernidad se funden en sus calles que fueron testimonio de multitud de cambios. Los veleros y yates en Palma se apiñan a un lado del paseo marítimo vistiendo sus mejores galas para los curiosos visitantes. Modernos, con vocación de futuro, abiertos, complejos y orgullosos de su hogar, los mallorquines acogen a los recién llegados con los brazos bien abiertos, ávidos de mostrar su patrimonio cultural, su historia y su naturaleza.

Cerca de Esporles/Mar Morales
Cerca de Esporles/Mar Morales

Alejado del ajetreo urbano, en las entrañas de la Tramontana, se sitúa un pueblo con encanto, Estellencs. El ritmo cambia en este lugar donde la vida discurre con tranquilidad y alegría. Sus calles empedradas y el color pastel de sus casas conviven con el mar en un marco perfecto que sosiega al contaminado visitante. En estas fechas, todavía algo frías, este mágico lugar enciende sus chimeneas añadiéndose a esta sensación hogareña el tímido despertar de sus árboles frutales. Las distancias son cortas en este lugar ofreciendo multitud de excursiones que ciclistas, senderistas o escaladores toman con ganas en cuanto aparecen los rayos de sol; el clima propone recorrer cada recoveco de este paisaje montañoso, en el que a más de uno le gustaría perderse eternamente. Este entrañable lugar tiene una cala con un pequeño puerto y una fuente con agua dulce en donde sólo se escucha el rumor de la corriente. El aire también golpea con fuerza este lugar colándose entre su vegetación y las repentinas tormentas suelen ser normales por estas fechas.

Estellencs parece colgado del mar como si de una postal se tratase, además, el cercano trato de su gente y la pureza con la que viven hace sentir como si se viviera en otra época en la que el estrés y la ansiedad no se atreven a irrumpir en su envidiable rutina en la que se puede tomar un fruto sin necesidad de ir a un centro comercial. Atardeceres de ensueño, flora y fauna compartiendo hábitat y el rugido del mar entre sus rocas son distintos elementos con los que podemos toparnos en toda la isla. El paladar disfruta, la mente desconecta y los pulmones se llenan aquí, haciendo partícipe directo al visitante que no quiere abandonar ese sitio en el que el ruido de un atasco se sustituye por un ladrido de un perro, el vuelo de las aves o la brisa marítima. Por la zona se encuentran emblemáticos sitios como Andratx, Bunyola, Esporles, Pollença, Sóller o Valldemossa. Con unas estrechas y curvas carreteras, la costa hacia un lado y la montaña por otro, una parada obligatoria es Sa Calobra. Aquí se entra en otra dimensión, hace sentir diminuto al visitante en un paisaje casi prehistórico en un espacio casi cerrado donde se levantan impresionantes zonas montañosas en las que tienen en sus faldas terrenos rocosos y arenosos reunidos para trasladar al afortunado visitante al silencio y a la intimidad, compartida con la naturaleza. Las aguas que rodean esta zona juegan con la luz haciéndose transparentes y obsequia con poderío un color muy característico. La vida en la isla se tiñe de rojo cuando el día termina cambiando las sensaciones tras haber vivido una gran experiencia en la sorprendente travesía del viaje. La arena y la sal, las gaviotas y las pequeñas embarcaciones, despiden al viajero haciéndole un guiño con gratitud y simpatía.

Publicado en La Huella Digital

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