Cinta y coloquio de Eva

Tras dejar huella en el festival de Sitges galardonada por mejores efectos especiales, su creador, Kike Maíllo, demostró  su pasión por la ciencia ficción y el drama, con el preestreno de Eva y un interesante coloquio posterior que disfrutaron juntos una mañana otoñal los jóvenes asistentes al evento.

Una sala repleta de impacientes espectadores ávidos por descubrir otra sorpresa del cine español. Es jueves, son las doce de la mañana en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Información y en el momento que se apagan las luces, se enciende nuestra imaginación. Eva nos muestra un futuro no tan lejano donde los más sinceros sentimientos se desnudan ante nuestros críticos y ya experimentados ojos que no dejan de sorprenderse día a día tras bajarse el telón. La cuestión en esta cinta es superar la pregunta y barrera que nos hacemos siempre que nos vemos en la situación de cómo será el futuro y su creador comenta que quería acercar esa barrera eligiendo un contexto sencillo de comprender, con una estética cálida de principios de los ochenta atestada de robots: “uno mezcla lo que quisiera que pase y lo que cree que pasará”.

La historia emula cómo las máquinas parecen sentir en su relación con los humanos y lo hace de una forma distinta donde atrás quedan los grandes clichés como cantidades ingentes de robots militarizados, haciendo personal a cada uno de ellos, ejemplo de ellos son peculiares personajes como un cariñoso gato o un gracioso y eficiente mayordomo (Lluís Homar) que acompañan a Álex (Daniel Brühl), quien regresa a su ciudad natal para acabar un proyecto de inteligencia emocional tras diez años escapando de su propia realidad artificial. “Pone el punto de vista en cómo las personas nos relacionamos, no se acerca a películas como Inteligencia artificial en el que se pone el acento en qué sienten los robots y a mí me preocupaba realmente qué es lo que te hacen sentir las máquinas”, explicaba así el fin de la obra el director. Por tanto, quedó claro que no se está contando de nuevo la misma película de ficción sobre la máquina y el hombre y se siente el género fuera de la caja, es decir, una fusión entre el melodrama y la ciencia ficción. Sorprendente historia, notoriamente, porque desde el principio se produce algo que actúa como un tensor. El propio director explicaba cómo es una obra amable durante el primer acto y cómo nos mantiene en alerta el resto del tiempo.

“Tienes que trabajar con el no, eso es sociabilidad, las máquinas que no discuten son esclavos del humano, un ejemplo es que  solemos rodearnos de novios o novias con un cierto carácter, si no nos aburrimos”.

Eva propone el interrogante de si algún día las máquinas competirán socialmente con los humanos. Muestra cómo nos podemos llegar a creer el artificio, porque sin duda con la pequeña Eva (Claudia Vega) se encandila al espectador de una forma mágica y eso se aprecia en la relación que mantiene con el resto de personajes como Lana (Marta Etura) o en sus  alegres movimientos sobre la nieve con el dulce tintineo rojo con el que aparece durante el film. Este juego cromático hace que ese paisaje no se vea tan frío o lejano (teniendo en cuenta que  parte del rodaje tuvo lugar en Suiza) porque utiliza hogares como los nuestros o viajan en coches sencillos.

“Hay mucha gente enamorada de su Iphone, es decir, cómo hoy le estamos dando atributos emotivos a los artificios.”

Pero dejamos a un lado esa relación con los modernos artilugios para adentrarnos en la esencia de la obra: la naturaleza del amor. Se aprecia como el protagonista, Álex, quiere lo que no tiene, se traslada aquí la idea de responsabilidad. El autor viaja hasta la antigua Grecia para explicarlo mejor: “Él es un Ulises trasnochado que vuelve a casa y cree que Penélope y Telémaco siguen estando pendiente de él, pero ya es tarde. Ella está casa con su hermano pero aún sigue apelando su sitio”. A pesar de la insistencia de varios participantes a que sobraba o podía tener menos fuerza la tensa relación entre Aléx y Lana, Maíllo aclaró que no sería igual Eva sin la historia de amor. Pero lo que sí quedó claro es cómo funciona nuestra sociedad que cuando algo no funciona, lo desechamos rápidamente pero lo que no se puede desechar es la idea de quedarse sin descubrir el mundo no tan remoto de Eva.

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