Tiago da Cruz y su isla

Isla/Mar Morales
Isla/Mar Morales

Los viernes en Córdoba son para pasear, llenar el gaznate y encontrarte con amigos. Pero si le das la vuelta a la tuerca, los viernes en Córdoba puedes tropezar en las comisuras de sus estrechas calles algo para saciar tu curiosidad. Los estudios o talleres tienen algo especial: huelen a ingenio, a experiencia y a sapiencia. Muchos no lo aprecian pero en los recovecos cordobeses puedes encontrar algo más que la caña con el montadito. Son las ocho y media, la oscuridad se hace dueña en la urbe y se celebra una inauguración.

Las miradas perdidas llaman la atención. Cada sujeto como protagonista de su historia. En el proyecto del fotógrafo Tiago da Cruz, la isla, se respira individualismo, soledad y personas que se evaden a sus propios mundos. Su isla parece un sitio exótico y lejano. La forma de narrar cómo topa con estas historias juegan al despiste con el visitante. Material fotográfico con origen andaluz. Este portugués reside desde hace años en Algeciras y es en Córdoba, en el modesto rincón de la escuela y cultura fotográfica Blow Up, cuando se inaugura su singular trabajo.

Poco a poco, la sala se va llenando de vida: artistas, parejas, gente joven y curiosos se agolpan frente a unos personas que se evaden de la realidad. Cada historia se divide en dos partes y hasta que no lo explica el autor, no se entiende de dónde proceden esos magníficos seres y por qué se ha partido su relato. La isla no sólo se cuelga en las paredes. La isla tiene forma de libro y por eso, cada relato se divide en dos páginas (en el caso de la exposición, en dos marcos). La isla está pensada para ser comprendida. A pesar de que trate la fragilidad humana y temas trascendentales que a muchos se les puede escapar, en este proyecto el contexto va unido con su personaje y se agradece que el autor sitúe la intriga.

El encargado de presentar al artista es otro que pertenece al gremio. Cercanos y con mucho encanto, ambos fotógrafos desprenden confianza y complicidad. Andrés Cobacho, capitán de la escuela, presenta a grandes rasgos el trabajo del profesional. El acento portugués coquetea con el andaluz en el sonido que transmite el autor. Parece agradecido, sincero y refleja seguridad en lo que hace. Confiesa que no buscaba a los personajes ni a las historias sino que éstas se topaban con él de forma casual. Cuenta su experiencia, anuncia el taller que celebrará en la escuela y se muestra abierto al público, a su público.

Historia de personas afligidas, violentas y desgarradas por el paso de los años. Miradas que te arrastran a otros mundos no tan lejanos. Lugares retratados que nos hacen sentir que no sabemos nada de lo que ocurre a nuestro alrededor. Con este trabajo, el autor nos da una lección del aislamiento que existe en nuestra sociedad. Una noche diferente en la ciudad del califato.

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