Domingo de mercado

El primer domingo de cada mes, el museo de ferrocarril de Madrid se convierte en el Mercado de Motores. Un lugar donde los oficios manuales y artesanales comparten espacio con el coleccionismo y la decoración. Es domingo y en el metro Delicias, los feligreses que salen de misa se envuelven con los turistas y familias que deciden pasear por la capital española en un soleado domingo. El Museo Nacional de Ciencia y Tecnología se acopla a la antigua estación, hoy Museo del Ferrocarril. Una fila interminable rodea un gran edificio mientras el calor aprieta. Todo los ojos están puestos en el Mercado de Motores. Familias, parejas, jóvenes hipsters y curiosos se amontonan alrededor de la entrada. Los que tienen invitaciones no esperan y el resto de los mortales, realizan la cola ávidos por descubrir las entrañas de la gran estrella.

Tomates y macetas ecológicas, bicicletas y vespas vintage se ubican tras cruzar la vaya que permite a los visitantes adentrarse en el mundo de los jóvenes emprendedores y de las nuevas oportunidades. Los rayos del sol se cuelan entre el espacio que deja el techo y los trenes expuestos saludan al visitante. La luz colorea puestos de retales, bisutería, objetos para el hogar; los zapatos y turbantes atraen a las más coquetas. La segunda vida que le dan con técnicas como la papiroflexia crea curiosos objetos como camaleones, denominados fauna urbana. Artículos procedentes de América Latina o la India se han ataviado con sus mejores galas para presumir de procedencia y convencer al visitante que se lo tiene que llevar a casa. Los tenderos mezclan la tradición de elaborar sus productos de manera artesanal con la difusión que quieren conseguir a través de las redes sociales mientras fotografían a sus clientes probándose extrañas gafas o llamativas chaquetas.

Fauna urbana en Mercado de Motores/ Mar Morales
Fauna urbana en Mercado de Motores/ Mar Morales

Son muchos los que alternan encontrar su regalo preciado con frascos de limonada, degustar salsas naturales o probar la paella que se cocina fuera de la estación donde continúa el mercado con merenderos donde descansar y deleitarse con música en directo. Entre raíles de ferrocarriles, al aire libre, se colocan los puestos de segunda mano donde se pueden encontrar cámaras, equipos radiofónicos así como preciados tesoros de coleccionistas como monedas o antiguas publicaciones. Este aire de antaño se contagia de tintes europeístas con improvisadas sesiones de DJ’s que ponen la banda sonora a los que descansan en mesas recicladas de palés o en tumbonas que podríamos encontrar en espacios costeros. Este paisaje recuerda a las playas artificiales berlinesas donde lo urbano fluye con lo natural.

La siguiente cita con este mercado tendrá lugar en el Matadero de Madrid.

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