Chispa

Como sentir la primavera en pleno otoño, como una ráfaga descontrolada, se deshace entre suspiros improvisados motivados por una cálida sensación que solo se le antoja conocida, a pesar del misterio que envuelve la situación. Algo ha cambiado su rumbo.

Aquel desengaño cegó su ilusión y dejó seco su espíritu, su alma… La tierra que parecía estéril comienza a despertar por accidente percatándose lentamente de que algo se está transformando. No se atreve a entregar aquello de lo que tanto escuchó ya que siempre anheló aquel sentir ajeno pero sigue sin atravesar la cerca por puro desconocimiento. Teme la abstracción de aquello que late y no por la fecha de caducidad o por los posibles tropiezos. Aunque, sabe que en el fondo, necesita emprender esta travesía que se ha cruzado de repente y se arriesga como nunca lo había enfrentado antes.

Su compañía le lleva a los farolillos que visten las calles o los lunares que acompañan los rizos y zarcillos de su tierra natural. Como el jazmín y el azahar, ella queda embriaga con sus latidos. Ese aroma olvidado, reaparece.

Se retuerce sin vacilar como el junco que se deja llevar por la brisa o un pirata al aferrarse a sus caprichos mientras se sucede la búsqueda de un tesoro. Sentidos que afloraron sin sentido en tierra marchita.

La sonrisa florece mientras delibera si se trata de un espejismo o no, si ese latir conseguirá mantener al insomne en el estado de alucinación del que tanto proclama. Por su parte, la tierra, guarda una tarde para aquella triste mirada que le transmite, cada vez más, amor, confianza y jolgorio.

La rama que se mece en el árbol, éste donde el marsupial acude a su abrazo, siente que el aire tambalea su orden pero se trata de una ráfaga. Ese vaivén constante con una energía inagotable que no permitirá cerrar el capítulo que tanto desea.

Las fotografías en ráfagas no se quedan con un solo momento, son una serie de capturas que narran todo lo que una sola no puede y precisamente es eso: mil momentos, mil miradas, mil sensaciones que solo llevan a un camino, aquel que parecía que no volverían a compartir. El recuerdo de “nuestros caminos no se volverán a cruzar” deambula por su mente (sabía perfectamente que compartirían centenares de aventuras).

Pero efectivamente, el rumbo puede mantenerse a través de paciencia, ilusión y muchos latidos verdes. Esta llama no ha hecho nada más que encenderse con no una ni dos ni tres… Con más de siete mil chispas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s