Madrid

Por tus arterias discurre la prisa y tu aire invita a buscar calma mientras trata de asfixiar. Tu estruendo y olor a fritura, espuma y vermú acompañan largos pensamientos durante infinitas vías. Ladrillo y polvo, tumultos y risas, tradición con aspiraciones flamantes… Madrid.

Cientos de horas invertidas bajo tierra compartiendo miradas, más resoplidos que gratitud con una banda sonora que viaja entre ritmos latinos, acordeones del este e incluso improvisados raps. Todo tipo de melodías emanan de personajes ataviados de curiosas telas y maquillajes que ocultan una realidad que se aleja de esa gran promesa con la que te presentabas.

El vaivén de tu rutina con sabor agridulce impulsa que tus habitantes anhelen escapar de tus brazos y al mismo tiempo presuman de urbe. Nadie conoce todos tus recovecos porque faltan vidas para descubrir el secreto de tu personalidad, ni siquiera al amanecer desvelas tu verdadera identidad.

Noches de luces, de sombras y de esperas. Las personas ilusas aguardan un beso en parques urbanos desiertos mientras el camión de la basura retira resquicios de una jornada inquieta, consumista y alterada con cigarrillos liados y labios pintados. El vaivén de miles de pasos arrítmicos que empujan y se agolpan entre humo, taconeos y mordiscos de comida rápida comparten escena entre cuero y eternas pestañas.

Los turistas te fotografían mientras aprietas sus bolsillos con tu despliegue cultural. Teatros, conciertos, exposiciones con las mejores piezas y construcciones que coquetean con la clandestinidad persuaden a los curiosos que se dejan llevar por tus espectáculos y conversaciones para todo tipo de paladares. Las mentes más avispadas se las ingenian para disfrutarte de forma sostenible pero no se lo pones nada fácil y son muchas las personas que han desistido continuar su relación con tus carteles luminosos de aclamados musicales y mensajes que solo incitan al apuro de la cartera.

Pero no te dicen: “no eres tú, soy yo” ni juegan al despiste con “podemos seguir siendo amigos”. En el fondo sabes que fuiste un gran compañero, amigo e incluso familiar, al desplegar tu colosal magia que hizo volar la esperanza de pensamientos soñadores. Quizá no sea el momento o quizá la etapa universitaria fue más que suficiente para conocerte, pero llegó el día que tienes que dejar fluir a aquellos individuos que persiguen metas más allá de tu picaresca, más allá de tu invitación y más allá de garitos repletos de ínfimos momentos.

Parque de El Retiro. La palabra rota/Mar Morales
Parque de El Retiro. La palabra rota/Mar Morales

Has conseguido unir a personas que en otro sitio o situación hubiese sido imposible concebirlo. Has exigido todo y resulta imposible dártelo. Pero sabes que conocerás a miles de voces, jóvenes agitados que vuelan desde los lugares más alejados y les darás todo lo que tienes. Solo es cuestión de tiempo que termines tus obras, que cumplas tu palabra de alzarte como una gran ciudad para ofrecer todo lo que los habitantes y foráneos te han ido aportando durante tanto tiempo.

Llega la hora de ver crecer el árbol que en tu asfalto no permites. Las raíces que tienen que expandirse no lo lograrán entre oportunidades engañosas por lo que aunque seas tan adictiva como rechazada, siempre nos quedará Madrid.

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